Una Flota que Dejó de Volar

Entre 1996 y 2007, Colombia compró a Rusia 25 helicópteros Mi-17 para su Ejército. Durante dos décadas fueron una pieza central del transporte de tropas y carga en zonas de montaña y selva, donde su capacidad de carga y su robustez los hacían difíciles de reemplazar. En septiembre de 2026, el propio Ejército describió que el estado de la flota que conserva representaba veinte aeronaves en tres versiones, de las cuales ocho estaban en operación y mantenimiento, nueve permanecían en programa de preservación a la espera de recursos para su mantenimiento mayor, dos aguardaban recuperación tras siniestros y una estaba en proceso de baja. Las horas de vuelo de la flota cayeron 46,4% en tres años.

El origen del problema no es técnico. Los Mi-17 siguen siendo aeronaves capaces. Lo que se rompió fue la cadena de soporte ya que desde el inicio de la guerra en Ucrania, las sanciones de Estados Unidos y Europa sobre la industria rusa complican los pagos, las transferencias, el aseguramiento de cargas y la contratación de servicios técnicos vinculados a los fabricantes. Un helicóptero que no puede recibir repuestos ni mantenimiento mayor por canales normales es, en la práctica, una flota huérfana.

Un Problema Regional

Colombia no está sola. En noviembre de 2023, el Ejército del Perú firmó un contrato de casi USD 23 millones con una empresa registrada en Panamá, representante de una compañía rusa, para el mantenimiento mayor de tres helicópteros de origen ruso. Las limitaciones de carga aérea, las rutas más largas y los riesgos de transporte retrasaron la ejecución; el contrato fue resuelto, el caso pasó a arbitraje y el trabajo no se completó. En Ecuador, según información publicada en febrero de 2026, una empresa intermediaria con sede en México ofreció al Ejército el mantenimiento mayor de tres helicópteros Mi-171 por USD 24,2 millones, presentándose como representante de una firma rusa y sin talleres propios.

El patrón se repite en cuanto a fabricantes que ya no pueden atender directamente, intermediarios regionales sin infraestructura y contratos que acumulan riesgos difíciles de controlar para el comprador.

Las Opciones Reales

Un operador con una flota huérfana tiene, en esencia, tres caminos, y ninguno es gratuito.

El primero es mantener la flota a través de canales alternativos. Es la opción de menor costo inmediato, pero concentra el riesgo: cumplimiento de sanciones, trazabilidad de repuestos, garantías difíciles de ejecutar y dependencia de proveedores con capacidad no demostrada. Colombia ilustra la complejidad. En septiembre de 2026 se conoció que Estados Unidos descartó asumir el mantenimiento y el suministro de repuestos de estos helicópteros, una vía que se había explorado en 2024 mediante ventas militares al exterior. El Ejército abrió entonces un nuevo proceso, por más de COP 400.000 millones con ejecución hasta 2034, para el mantenimiento de 16 aeronaves, al que pueden presentarse empresas certificadas por el Gobierno ruso. Un contrato anterior, adjudicado en 2024 para recuperar seis helicópteros, no se cumplió.

El segundo camino es el reemplazo por plataformas occidentales. Resuelve la dependencia de fondo, pero exige capital, toma años y obliga a reconstruir la cadena de soporte para cubrir formación de pilotos y técnicos, herramental, repuestos y, en el caso de plataformas estadounidenses, cumplimiento del régimen de control de exportaciones. El plan de modernización presentado por el gobierno colombiano en julio de 2026 incluía 46 helicópteros para reemplazar parte de la flota envejecida, aunque su ejecución quedó en manos del nuevo gobierno.

El tercero es una transición escalonada consistente en conservar en servicio las unidades con menor necesidad de mantenimiento mayor, retirar las que no justifican la inversión y cubrir la brecha de capacidad con otras plataformas mientras llega el reemplazo. Es el camino más realista para la mayoría de los operadores, y también el que más exige planificación.

Lo que Significa para la Industria

Para fabricantes y proveedores occidentales, las flotas huérfanas de la región representan una demanda de reemplazo que se materializará en los próximos años, aunque a ritmo de presupuesto y no de urgencia operacional. Para la industria regional, la oportunidad está en la transición, que es donde se concentra el trabajo de mayor duración por cuanto implica formación y conversión de tripulaciones y técnicos, soporte logístico, mantenimiento de las plataformas que lleguen y servicios de ingeniería para gestionar la convivencia de dos flotas durante varios años.

La condición de acceso es la misma que en el resto del sector como lo es certificación AS9110 o AS9100, trazabilidad documentada y, si la plataforma de reemplazo es estadounidense, capacidad de operar bajo ITAR. Las organizaciones que se preparen ahora estarán en condiciones de participar cuando los reemplazos se contraten. Las flotas huérfanas no son solo un problema de los ministerios de defensa; son la señal de un ciclo industrial que ya empezó.